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Lorena Puig nos cuenta su historia como electricista.

Lorena Puig nos cuenta su historia como electricista: “Nunca me he sentido discriminada por ser mujer”

Lorena asevera que nunca faltará trabajo en el sector y anima a todas aquellas mujeres que se sienten interesadas por la electricidad, la fontanería o la mecánica.

A los 23 años, Lorena Puig se quedó sin empleo. Un buen día, una amiga de su madre le llamó por teléfono para comentarle si su hijo estaba interesado en hacer un curso de electricidad. Mientras comían, su madre se lo trasladó a su hermano y ahí fue cuando Lorena preguntó: “¿Yo podría hacerlo?”.

No obstante, su historia con la electricidad se forjó mucho antes, pues siempre le había llamado la atención, pero los tiempos eran distintos en aquella época: “Estudiabas sanidad, química o educación. Si querías tirar hacia la formación profesional, tenías peluquería”, comienza relatando Lorena a este medio.

Una vez finalizado el curso, sus primeros pasos en el mundo laboral del sector eléctrico los dio de la mano de una pequeña empresa. “Empecé de peón poniendo portalámparas en una instalación. Poco a poco, fui demostrando mi valía y absorbiendo todo lo que me enseñaban”, declara.

Hasta que llegó la crisis de 2008 y pocas compañías sobrevivieron. Al tiempo, Lorena volvió a trabajar de electricista, aunque esta vez, en lugar de estar en obra nueva, estaba en reformas, que era el oficio que más le movía.

La enseñanza y la electricidad, sus dos grandes pasiones

Con el paso de los años, le ofrecieron la oportunidad de ejercer como docente de electricidad en el Instituto Tecnológico de MasterD, y no se lo pensó dos veces. “Ya había tenido varios peones en la obra, buenos y malos. A los que querían aprender, les explicaba lo que sabía y me gustaba ver cómo se les iluminaban los ojos cuando les enseñaba algo nuevo que ellos desconocían. Eso me llenaba aun más y me hacía sentir bien”, comenta.

Como profesora, la experta disfruta de las dos cosas que más le apasionan: enseñar y la electricidad. “¿Qué más puedo pedir en esta vida?”, se pregunta, y continúa: “Me levanto por las mañanas con ganas de ir a trabajar. Es lo mejor que le puede pasar a una persona”.

Lorena Puig: “El ambiente es sano”

De igual modo, y a pesar de que en la obra todavía se ven muchos más hombres que mujeres, Lorena defiende que también se ha encontrado con pintoras, alicatadoras o electricistas.

“El ambiente es sano y nunca me he sentido discriminada por ser mujer. Sí que se dirigían a mis peones a la hora de hablar o comentar algo, pero me hacía gracia porque sé que no se hace con maldad. La gente se sorprende y poco más; una anécdota que contar”, argumenta.

A título personal, la instaladora confiesa que disfruta con las averías, ya que, si bien son un dolor de cabeza, las ve como un reto y una fuente de motivación. “Cuando entro en un sitio, lo primero en lo que me fijo es el techo, es decir, por dónde van los cables, cómo lo hubiera hecho yo, etc. Creo que lo llevo en la sangre”, expresa.

Luchar contra los estereotipos

Por otro lado, Lorena asevera que nunca faltará trabajo en este sector y anima a todas aquellas mujeres que se sienten interesadas por la electricidad, la fontanería o la mecánica: “Solo les puedo aconsejar que vayan a por ello y que no se queden estancadas en los estereotipos. No vale la pena que una misma se ponga trabas y excusas tontas”.

Y finaliza con una breve reflexión: “Aquí en mi tierra, Aragón, se dice que más vale maña que fuerza. Yo no tendré la misma fuerza que un hombre, eso es evidente; pero lo suplo con mi cabeza, que igual es más práctico”.

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