Tribuna de opinión de Andrés Marín, director de la división de Large Motors and Generators de ABB en España.
En pleno siglo XXI, el ritmo de la transformación industrial se mide tanto en términos de innovación como de responsabilidad. Con el cambio climático en el centro del debate global, las empresas no solo compiten por liderar el mercado, sino por hacerlo de manera más eficiente y sostenible. Es aquí donde entran en juego los Certificados de Ahorro Energético (CAEs), una herramienta que no solo premia la eficiencia, sino que la convierte en un activo tangible y rentable. Al transformar el ahorro de energía en valor real, los CAEs abren la puerta a un futuro donde la eficiencia energética no es una opción, sino una obligación.
De este modo, el concepto de los CAEs gira en torno a la sustitución de equipos existentes con baja eficiencia, como los motores industriales tradicionales, por alternativas más modernas, en este caso, motores eléctricos de alta eficiencia energética o conjuntos motor convertidor de eficiencia para regulación de velocidad. Esta simple acción no solo implica un ahorro económico para las empresas a largo plazo, sino que también contribuye a una mayor sostenibilidad ambiental. Sin embargo, la relevancia de este cambio no se limita a lo económico y lo ecológico, sino que también destaca la importancia de integrar tecnología de vanguardia en la operación de las empresas.
Aprovechar oportunidades como los CAEs
Hoy en día, el acceso a tecnologías avanzadas es esencial para poder aprovechar oportunidades como los CAEs. Empresas que no cuenten con las herramientas adecuadas para optimizar sus procesos, y que no se alineen con las normativas ambientales, corren el riesgo de quedar atrás. La industria 4.0, con sus herramientas de automatización, IoT y análisis de datos, es la aliada perfecta para gestionar este tipo de soluciones. A través de la conectividad y la eficiencia operativa, las empresas no solo optimizan su consumo energético, sino que también obtienen una ventaja competitiva en un mercado cada vez más regulado y consciente del medio ambiente.
Además, lo que realmente marca la diferencia en la adopción de los CAEs es la capacidad de las empresas para adaptarse rápidamente a los cambios. En lugar de una implementación aislada, es crucial tener un enfoque relacional en el uso de la tecnología. Los sistemas deben ser flexibles y poder integrarse con otros procesos y herramientas, permitiendo a las empresas ajustar y optimizar su uso de manera continua. Esto exige no solo inversión en equipos, sino en una infraestructura tecnológica que sea capaz de evolucionar con las necesidades del negocio y el entorno regulatorio.
Los motores de alta eficiencia, por ejemplo, requieren no solo un reemplazo físico, sino una actualización en la forma en que la empresa maneja y monitorea su consumo energético. Aquí, la tecnología juega un papel crucial, no solo al ofrecer los productos, sino también al integrarse en una red más amplia que permita la recopilación de datos en tiempo real, el análisis predictivo y la optimización continua de los sistemas. Así, la eficiencia no es un destino, sino un viaje continuo.
En definitiva, los CAEs no solo representan un ahorro de costos y un avance hacia la sostenibilidad. Son un recordatorio de la importancia de mantenerse al día con la tecnología y de la necesidad de que las empresas inviertan en soluciones que no solo respondan a las demandas inmediatas, sino que se adapten a un futuro cada vez más tecnológico y exigente. La tecnología puntera no es un lujo, sino una necesidad estratégica para el éxito en el panorama industrial del futuro.