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Revisiones que salvan vidas

Por Sara PortilloRedactora del Área de Material Eléctrico

Ahora que han pasado unas semanas desde que nos despertamos de la Navidad (ese tiempo en el que parecemos eclipsados por el calor del hogar, la compañía de los seres más queridos y hasta por las buenas y desinteresadas acciones que a veces florecen y nos permiten confiar un poquito en la humanidad) llega el momento de hacer balance.

Porque en algunas casas la Navidad no ha sido blanca, sino que más bien se ha teñido de gris ceniza.

Este año, algunas familias han tenido que decir adiós demasiado pronto. Es el caso de Juan Antonio y Rebeca, joven pareja de 15 y 16 años que falleció el 25 diciembre en Alhaurín el Grande (Málaga) tras un incendio declarado en su vivienda a causa de un cortocircuito. O de lo ocurrido en el distrito madrileño de Carabanchel, donde el fuego se llevó por delante la vida de Carmen, de 90 años, y sus dos hijos de 56 y 66 en la madrugada del dos de enero. En este caso, las primeras investigaciones también apuntaron a posibles fallos eléctricos como origen del incendio. 

Y así, hasta 21. Desafortunadamente, no son hechos aislados. En apenas dos semanas del periodo navideño, el número de víctimas mortales por incendios en viviendas se duplicó con respecto a las 11 del mismo periodo del año anterior. Un dato tan estremecedor como difícil de asumir. 

Porque detrás de esas cifras hay algo que a menudo olvidamos: no son números. Son sillas vacías en las comidas familiares, son proyectos que se quedan a medias, son abrazos que nadie podrá volver a dar ni recibir. 

Y lo más duro de todo es pensar que, en muchos casos, podrían haberse evitado. 

El estudio de víctimas mortales en incendios de la Fundación MAPFRE lleva años señalando una realidad incómoda: el origen eléctrico figura entre las principales causas de los incendios domésticos con consecuencias fatales. Instalaciones envejecidas, aparatos en mal estado, sobrecargas, cuadros eléctricos obsoletos o simples reparaciones realizadas sin la intervención de profesionales cualificados siguen estando detrás de tragedias. 

A veces pecamos de confiados, de pensar que “nunca pasa nada”. O sentimos que una vivienda reformada ya es una vivienda segura. Sin embargo, la realidad es que muchas rehabilitaciones se quedan en lo visible: una cocina nueva, un baño actualizado, una mano de pintura. 

Lo esencial, como escribiera Antoine de Saint-Exupéry en El Principito, es invisible a los ojos. En este caso, lo esencial es la instalación eléctrica y aquí permanece intacta, aunque haya sido diseñada para un modelo de consumo ya obsoleto. 

El Observatorio de la Rehabilitación Eléctrica de la Vivienda en España (OREVE) lleva tiempo alertando de esta situación. No solo desde la perspectiva de la eficiencia energética o la transición hacia edificios más sostenibles, sino también desde algo mucho más básico: la seguridad. Contar con instalaciones eléctricas revisadas, actualizadas y ejecutadas por profesionales cualificados no debe ser un lujo ni una recomendación opcional, sino una medida de prevención fundamental, especialmente en viviendas antiguas y en hogares vulnerables. 

En las últimas semanas, este mensaje ha vuelto a ganar fuerza. El observatorio, junto al Consejo General de la Arquitectura Técnica de España, ha trasladado a la Administración la urgencia de modernizar las instalaciones eléctricas del parque residencial. Los datos son claros: cerca del 60 % de las viviendas rehabilitadas necesitaría actualizar su instalación eléctrica para poder integrar con garantías tecnológicas como la climatización eficiente, el autoconsumo, la movilidad eléctrica o los sistemas de gestión inteligente de consumo. 

Esto no va solo de cumplir con una agenda. Más allá de los objetivos de descarbonización o de los horizontes de 2030 y 2050, hay una idea que no deberíamos perder de vista: si no se revisa y se moderniza la instalación eléctrica, no hay electrificación segura posible. 

Estamos pidiendo a las viviendas que asuman cada vez más demanda eléctrica, que incorporen nuevos usos, nuevos equipos y nuevos hábitos de consumo. Pero seguimos apoyándonos en infraestructuras pensadas para otro tiempo. Una contradicción que no solo frena la transición energética, sino que pone en riesgo algo mucho más importante: las vidas de quienes habitan esos hogares. 

Hablar de revisiones eléctricas, no es hablar de cables, ni de cuadros, ni de normativa. Es hablar de prevención. De anticiparse. De decisiones que se toman a tiempo. Porque una revisión puede parecer un trámite más, hasta que deja de serlo.

Y entonces, entendemos que hay revisiones que no solo mejoran la eficiencia o el confort. Hay revisiones que, literalmente, salvan vidas. 

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