Alfonso Viejo, gerente de A2 Electricidad, comparte varias fotografías de un contador eléctrico en fachada sin ningún tipo de protección. “La instalación debe ser ejecutada por un profesional autorizado, con el conocimiento técnico, la responsabilidad y el respaldo legal necesarios”, defiende.
En viviendas antiguas y en aquellas donde se realizan reformas parciales por personas que no son instaladores autorizados, es frecuente encontrar contadores eléctricos instalados en fachada sin la protección adecuada, con cables a la vista y soluciones provisionales.
Y conviene aclararlo desde el principio: que una instalación funcione no significa que sea segura ni legal ni aceptable. Las imágenes que acompañan este artículo muestran una situación que aún está presente en el día a día.
En esta ocasión, se trata de una vivienda unifamiliar ubicada en Asturias, donde el propietario realizó una reforma dejando el contador en la fachada sin ninguna protección. La instalación se encuentra operativa y en funcionamiento, tal y como expone Alfonso Viejo, gerente de A2 Electricidad.
¿Qué consecuencias tienen este tipo de instalaciones eléctricas?
La primera consecuencia es el riesgo directo para las personas. Un contador accesible desde la vía pública, sin envolvente homologada y con conductores expuestos supone un peligro evidente de contacto eléctrico accidental, sobre todo en entornos donde pueden acceder niños o terceros sin conocimiento técnico.
A este peligro se suma el deterioro progresivo de los materiales. La exposición continua al sol, la lluvia y la humedad aceleran el envejecimiento del aislamiento, provoca aflojamientos en los bornes y aumenta la probabilidad de derivaciones, fallos de suministro e, incluso, incendios.
Desde el punto de vista normativo, una instalación de este tipo está fuera del Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT), lo que puede derivar en requerimientos de la distribuidora y responsabilidades directas para el titular del suministro en caso de incidente.
“No es un problema menor ni estético; es un problema de seguridad y responsabilidad”, asegura Alfonso.
Subsanación de la instalación
La ejecución correcta de esta instalación, que afecta de forma directa a la seguridad de la vivienda, implica:
- Instalar una caja general de protección y medida homologada, diseñada específicamente para exterior.
- Alojar en ella el contador y las protecciones correspondientes, con envolvente precintable y segura.
- Ejecutar canalizaciones continuas y estancas, sin tramos de cable al aire.
- Utilizar conductores normalizados, con secciones adecuadas y correctamente fijados.
- Realizar los trabajos mediante una empresa instaladora autorizada, con su correspondiente documentación técnica.
¿Cómo se pueden evitar estos trabajos deficientes?
Este tipo de situaciones no se deben a un problema técnico, sino a algo mucho más habitual: la normalización de malas prácticas y el intrusismo profesional.
Cada vez es más frecuente encontrar reformas en las que una misma persona se encarga de la albañilería, la pintura, los acabados o la electricidad, aun sin ser un instalador autorizado. El resultado, en muchos casos, se traduce en un trabajo que puede parecer correcto a simple vista, pero que no es seguro, no está ordenado técnicamente y no cumple con la normativa.
A esto se suma otro factor clave: la ausencia de un certificado eléctrico. Tras este tipo de reformas, la instalación suele quedar sin documentación, sin legalización y fuera de control. “La electricidad no admite atajos. Si un trabajo no está bien realizado, conforma un riesgo latente. Y ese riesgo siempre acaba saliendo a la superficie”, sostiene.
Y finaliza: “La instalación eléctrica debe ser ejecutada por un profesional autorizado, con el conocimiento técnico, la responsabilidad y el respaldo legal necesarios para que no se convierta en un problema en el futuro”.















