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Regular para avanzar: el desafío de no frenar al “alumno sobresaliente” de la economía digital

Por Sara PortilloResponsable de la sección de Centros de Datos en Material Eléctrico

Avanza el mes de mayo de 2026 y el sector de los centros de datos en España se enfrenta a una paradoja digna de estudio. El país se posiciona como el nodo estratégico del sur de Europa gracias a su conectividad y sus renovables y la regulación también avanza, pero parece hacerlo con el freno de mano puesto. El Real Decreto-ley 7/2026 ha traído una “purga” de red que si bien es necesaria, también ha sembrado una duda razonable, ¿sabemos realmente lo que nos jugamos?

Igual mi pregunta parece tonta, al fin y al cabo es de todos conocidos la gran oportunidad que tenemos ante nuestras narices, ¿no? Como sabéis, y si no os lo digo ahora, desde hace unas semanas lidero la sección de Centros de Datos del Área de Material Eléctrico de C de Comunicación (aprovecho para animaros a suscribiros a la newsletter semanal). En este tiempo, que reconozco aún corto, he podido conversar con líderes de toda la cadena de valor. Entrevistas, cafés, eventos como el DCD Connect de la pasada semana… Desde grandes hiperescalares hasta especialistas en IA y proximidad la conclusión parece unánime: la industria no teme a la responsabilidad, sino a la invisibilidad.

Vaya por delante que regular no solo es necesario, es urgente. Ningún actor serio del sector con el que yo haya conversado defiende el desorden o el acaparamiento especulativo de potencia. La limpieza de los llamados “proyectos fantasma” es una medida higiénica que la industria real (la que construye, invierte y genera empleo) aplaude sin fisuras.El problema no está en que se regule, sino en cómo se aterriza esa normativa en un momento en que la tecnología no espera a nadie.

La infraestructura de lo invisible

Históricamente el sector ha sufrido el síndrome de ser una infraestructura vital pero invisible para el ciudadano. Los centros de datos son el corazón de nuestra sanidad, nuestra banca y nuestra seguridad. No son simples naves con servidores, sino el lugar donde sucede la vida digital: desde pedir una cita médica hasta realizar una transacción financiera. Es injusto, bajo mi humilde visión, penalizar al “alumno sobresaliente” (un sector que ya nace descarbonizado y eficiente por naturaleza) con trabas que parecen ignorar su carácter de servicio esencial para la soberanía del país.

El reto de la IA y la agilidad administrativa

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha cambiado las reglas del juego. Mientras la administración mide sus plazos en meses o años, la IA ya exige densidades de potencia y sistemas de refrigeración líquida que requieren infraestructuras de vanguardia hoy. El riesgo de no acompañar esta velocidad con seguridad jurídica es real: el capital extranjero es móvil y pragmático; “si el laberinto administrativo se vuelve demasiado complejo, buscará puertos más ágiles”, me dijeron recientemente.

Una oportunidad de 67.000 millones

España tiene en su mano una inversión de 66.900 millones de euros y la capacidad de liderar el sur de Europa. No lo digo yo, son cifras del último informe de Spain DC. El sector es consciente de sus obligaciones y está haciendo sus deberes: innovando en sostenibilidad, preparando el terreno y apostando por un talento que, si bien destaca por una calidad técnica envidiable, empieza a ser insuficiente en número para la magnitud del reto que tenemos por delante (pero esa es otra historia).

Ahora, tras el mapa de nudos que, atendiendo a los plazos marcados en el BOE se publicará previsiblemente en agosto, solo falta que la regulación sea el puente y no el muro. Tenemos la energía, tenemos la conectividad y tenemos el talento. Dejen que el sector trabaje para asegurar el futuro digital que España ya merece.

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