Si hay algo que está claro, es que la seguridad en el trabajo no debería depender del tipo de contrato o del tamaño de la empresa. Pero, cuando hablamos de trabajadores autónomos, es muy común ver cómo las medidas de seguridad terminan siendo opcionales o, peor aún, inexistentes.
¿Por qué? Simple: Muchos creen que eso solo aplica para las grandes empresas o para los empleados en obras con protocolo de seguridad bien establecido.
En proyectos organizados, como una obra dirigida por una gran compañía, se cumplen (o se espera que se cumplan) las normativas de seguridad al pie de la letra. Casco, arnés, guantes, protecciones eléctricas… Todo en su lugar.
No obstante, en el caso de los autónomos, la historia cambia. Para muchos, especialmente en trabajos de altura o en contacto con instalaciones eléctricas, las protecciones mínimas se vuelven una opción y no una obligación.
Por este motivo, es bastante común ver a trabajadores autónomos subidos en andamios sin un arnés (ni siquiera el andamio o la estructura cumplen ninguna norma), subidos a un tejado sin protecciones o manipulando equipos eléctricos conectados y sin herramientas aislantes. No es por falta de conocimiento, sino porque, al no estar sujetos a auditorías externas o protocolos específicos, algunos prefieren “ahorrar tiempo” o “hacer las cosas rápido”.
Las prisas, siempre son las prisas…
También he de decir que las formaciones regladas para autónomos y empresas sobre “cursos obligatorios” dejan muchísimo que desear. Sinceramente las que he hecho se tratan de ir a una formación donde exponen un PowerPoint durante cuatro horas, con información obsoleta y con un coste que ronda los 300 euros. Algo que, lógicamente, desalienta a cualquier a autónomo a realizarlo.
Los accidentes ocurren y sin protecciones los riesgos son mayores. La seguridad nunca debería quedar en un segundo plano. Es necesario que los trabajadores autónomos sean conscientes de los riesgos y que, aunque no estén supervisados, tomen las precauciones necesarias para asegurar su salud y su vida.
Ahora nos queda un reto: ¿Cómo hacer que los trabajadores autónomos adapten normas de seguridad, equipos y, sobre todo, aprendan a usarlas adecuadamente?










