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El mapa mundial de las materias primas para baterías: litio, níquel, cobalto y más allá

El mapa mundial de las materias primas para baterías: litio, níquel, cobalto y más allá

Por Ignacio Mártil

La transición energética avanza a un ritmo vertiginoso y, con ella, la demanda de baterías se multiplica año tras año. El almacenamiento se ha convertido en una de las claves del éxito de las energías renovables y del vehículo eléctrico, pero detrás de cada batería hay un mapa geopolítico complejo, donde unos pocos países concentran gran parte de las materias primas críticas necesarias para su fabricación.

En este artículo recorreremos ese mapa global, analizaremos los materiales esenciales -litio, níquel, cobalto, manganeso y grafito- y veremos cómo su distribución configura nuevas dependencias estratégicas que marcarán la economía del siglo XXI.

El auge imparable de la demanda

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la capacidad mundial de fabricación de baterías alcanzó los 3 TWh anuales en 2024, y podría triplicarse antes de 2030. La demanda, impulsada principalmente por el coche eléctrico, ya ha superado 1 TWh anual, diez veces más que en 2018.

Cada vehículo eléctrico requiere entre 200 kg y 400 kg de materiales críticos. Multipliquemos esta cifra por los millones de unidades que se venden cada año y tendremos una idea de la magnitud del reto. No es de extrañar que las materias primas para baterías se hayan convertido en un asunto de seguridad estratégica para gobiernos y empresas.

El litio: el “oro blanco” del siglo XXI

El litio es el corazón de la mayoría de las baterías actuales (iones de litio). Su producción se concentra en un puñado de países:

  • Chile (30 %) y Australia (47 %) lideran la extracción mundial.
  • Argentina (15 %) completa, junto con Chile y Bolivia, el llamado “triángulo del litio” sudamericano, que concentra más del 60 % de los recursos conocidos.
  • China no tiene grandes reservas, pero controla más del 60 % del procesado mundial de litio, un paso esencial antes de su uso en celdas de baterías.

La paradoja es clara: aunque América del Sur tiene las reservas, China domina la cadena de valor. Europa apenas cuenta con proyectos incipientes en Portugal, España o Alemania, mientras que Estados Unidos busca reducir su dependencia con explotaciones en Nevada.

El litio del mundo se extrae en solo unos pocos países.

El níquel: densidad energética para vehículos de gama alta

El níquel se utiliza en las químicas de baterías NMC (Níquel-Manganeso-Cobalto) y NCA (Níquel-Cobalto-Aluminio), que ofrecen alta densidad energética y son preferidas por fabricantes de vehículos de gama alta como Tesla.

  • Indonesia se ha convertido en el líder mundial, con más del 50 % de la producción global.
  • Filipinas y Rusia también son grandes productores.
  • En Europa, Finlandia tiene una cierta producción y proyectos estratégicos de refinado.

Indonesia juega aquí una carta inteligente: no solo extrae, sino que impulsa la construcción de refinerías y fábricas de celdas en su territorio, buscando capturar mayor valor añadido.

Recursos mundiales de níquel metálico.

El cobalto: el talón de Aquiles ético y ambiental

El cobalto es, quizá, el material más polémico de la cadena de suministro. Su función es estabilizar las baterías y mejorar su vida útil, pero presenta un problema enorme:

  • El 70 % del cobalto mundial procede de la República Democrática del Congo (RDC).
  • Gran parte de esa producción se extrae en condiciones laborales muy precarias, con denuncias recurrentes de trabajo infantil y explotación.
  • China controla más del 70 % del refinado mundial de cobalto.

Ante esta situación, la industria busca reducir su dependencia. Las químicas LFP (litio-ferrofosfato), que prescinden del cobalto, se están expandiendo rápidamente en vehículos eléctricos de gama media, especialmente en China.

Tu teléfono funciona con cobalto procedente de la República Democrática del Congo.

Manganeso y grafito: los “secundarios” imprescindibles

Aunque reciben menos atención mediática, el manganeso y el grafito son esenciales:

  • El manganeso aporta estabilidad y seguridad a muchas químicas de baterías. Sudáfrica, Gabón y Australia son los mayores productores.
  • El grafito, en su forma natural o sintética, constituye el 90 % de los ánodos de baterías actuales. China domina de forma casi absoluta su refinado y producción.
El manganeso de primera calidad se encuentra principalmente en regiones como Sudáfrica, Australia, Brasil y Gabón.
Países líderes en reservas de grafito en 2024, en miles de toneladas métricas.

Consecuencias geopolíticas: nuevas dependencias

La geopolítica del petróleo está dando paso a la geopolítica de las baterías. Donde antes Oriente Medio era el epicentro, hoy el mapa señala otros puntos: Sudamérica, África central, el Sudeste Asiático y, sobre todo, China como gran potencia procesadora.

  • China controla más del 70 % del refinado de litio, níquel y cobalto.
  • También lidera la fabricación de celdas con más del 75 % de la producción mundial.
  • Europa y Estados Unidos quedan rezagados, aunque impulsan planes de independencia estratégica con nuevas gigafactorías y fondos públicos.

El resultado es que, aunque las reservas estén repartidas, la capacidad industrial está fuertemente concentrada en un único país, lo que genera riesgos de dependencia similares a los que antes existían con el petróleo.

Mirando al futuro: diversificación e innovación

Para reducir riesgos, la industria y los gobiernos buscan alternativas:

  1. Diversificación geográfica
    • Nuevos proyectos de litio en Canadá, México y Europa.
    • Refinerías de níquel y cobalto en Indonesia y Finlandia.
  2. Nuevas químicas
    • Baterías LFP (sin cobalto ni níquel), más baratas y seguras, ya son estándar en China y se expanden globalmente.
    • Sodio-ion, con materias abundantes y coste hasta un 90 % menor, podría ser disruptiva en los próximos 5-10 años.
  3. Economía circular
    • El reciclaje será clave: en 2035, hasta el 15 % del litio y el cobalto podrían provenir de baterías recicladas.

¿Cuál es la conclusión?

La transición energética no depende solo de instalar más renovables o de fabricar más coches eléctricos. Depende, en gran medida, de asegurar un suministro estable y ético de las materias primas que dan vida a las baterías.

El “oro negro” del siglo XX fue el petróleo; el “oro blanco” del XXI serán el litio, el níquel, el cobalto y sus alternativas. La clave estará en cómo gestionemos estas nuevas dependencias: si repetimos los errores del pasado o construimos cadenas de suministro más sostenibles, diversificadas y justas.

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Juan Manuel
Juan Manuel
25/11/2025 12:40

Gracias Ignacio. Muy ilustrativo tu post y muy inquietante la situación de Europa y de España en cuanto a la dependencia de terceros países y por la vulnerabilidad que supone esa dependencia.

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