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El escenario energético mundial: consecuencias de la pandemia

La disponibilidad de uso de los recursos energéticos condiciona nuestro modo y calidad de vida; pero también amenaza con socavarla, puesto que el consumo creciente de energía es una de las principales causas del cambio climático, como certificó la 21er Cumbre sobre Cambio Climático celebrada en París en 2015. Este es el escenario energético mundial.

Los principales responsables del insostenible consumo energético de las últimas décadas son, de una parte, ciertos aspectos del modo de vida de parte de la población mundial, localizada principalmente en los países industrializados; este porcentaje supone menos del 25 % del total de la población mundial. Y de otra, el aumento demográfico experimentado en las últimas décadas, una suerte de tormenta perfecta que ya he descrito en un libro de reciente aparición.

Refinería petrolífera de Ras Tanura, en Arabia Saudí.

De acuerdo con el último informe Energy Outolook 2020, editado por la petrolera BP, una empresa poco sospechosa de tendencias ecologistas, el mundo ya ha superado lo que se conoce como el “pico del petróleo”. Asimismo, la tendencia de consumo de carbón en el actual escenario energético también sigue una senda decreciente, siendo el gas natural el único combustible fósil cuya participación en el mix energético global muestra una tendencia ascendente. La siguiente imagen lo ilustra en una perspectiva de 150 años, con las previsiones de aquí a 2050. Todo parece indicar que la pandemia global está acelerando el proceso de transición energética a escala mundial:

La participación en % de los combustibles fósiles y de otras fuentes energéticas en el mix energético global, de acuerdo con la información disponible en el último informe de la petrolera BP.

En este post analizaré las previsiones más actuales acerca de la cronología del agotamiento de los combustibles fósiles.

Los combustibles fósiles: situación actual y perspectivas de futuro

Los combustibles fósiles dominan completamente las fuentes de energía de las que se sirven la mayoría de los países, de manera que, más de cuarenta años después de la primera gran crisis del petróleo de 1973, seguimos teniendo una enorme dependencia del petróleo, del gas y del carbón, que se cifra en el entorno del 80 % del consumo total de energía primaria.

A pesar del descenso mostrado en la figura anterior, en el caso concreto del petróleo, la dependencia seguirá siendo inevitable mientras los automóviles, los barcos y los aviones se muevan con ese combustible, ya que más del 90 % del transporte se hace con sus principales derivados: gasolina, gasoil y queroseno. Ese escenario no cambiará de manera significativa mientras otros sistemas de propulsión alternativos (hidrógeno, electricidad…) no se desarrollen para competir en condiciones de igualdad con los primeros.

Por otra parte, en lo que se refiere a la producción de energía eléctrica, cada vez cobra más fuerza la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes de energía renovables, dando lugar a una verdadera transición energética que, ahora sí, parece que recibirá un nuevo impulso en el escenario pospandemia.

Evolución prevista para las reservas de combustibles fósiles

La situación es la siguiente en el escenario energético:

CARBÓN. A pesar de los más de dos siglos desde que comenzó su utilización en el siglo XVIII, el carbón sigue siendo abundante y sus yacimientos no están concentrados geográficamente, por lo que a corto o medio plazo no existen ni se vislumbran problemas de suministro. Con los niveles de explotación actuales, habría carbón para más de 200 años. No obstante, es la fuente más contaminante de todas y la gráfica anterior muestra cómo su participación en el mix global continúa su reducción, tras haber alcanzado su máximo a mediados de la pasada década. En este caso, la cuestión no es de agotamiento, sino de la contaminación provocada por su uso indiscriminado.

GAS NATURAL. Es el combustible fósil que se ha comenzado a utilizar más recientemente. La madurez de la tecnología de producción de energía con este tipo de combustible es muy elevada, lo que ha facilitado un incremento espectacular de su utilización, siendo en la actualidad el único combustible de los tres cuya tendencia de consumo sigue una tendencia creciente. Esto ha traído aparejado un acusado descenso en las reservas conocidas, de modo que las previsiones de agotamiento se cifran en 60-80 años.

PETRÓLEO. Es el combustible para el que resulta más difícil estimar la duración de las reservas. El petróleo se utiliza de forma significativa aproximadamente desde 1850, aunque no fue hasta la llegada del motor de combustión interna en las últimas décadas del siglo XIX cuando comenzó a dispararse su consumo. La intensa explotación a la que ha sido sometido este recurso ha reducido sus expectativas de agotamiento hasta el margen 40-50 años, lo que le convierte en el combustible fósil más escaso. La imagen lo muestra esquemáticamente:

Reservas estimadas de combustibles fósiles y uranio.

Dependencia del petróleo

Pero no hay que olvidar lo señalado al comienzo de éste artículo: casi todas nuestras tecnologías y nuestras industrias están relacionadas con productos o subproductos del petróleo; este se utiliza para transporte, lubricación, maquinaria, fertilizantes, pesticidas, plásticos, materiales compuestos o sintéticos, productos químicos, etc.; por lo que el problema de su agotamiento es que todas esas aplicaciones se quedarían sin materia prima para su fabricación, al no haber hoy por hoy sustituto. En resumen, este es el escenario energético al comienzo de la tercera década del siglo XXI.

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Axoled
Axoled
02/09/2021 09:36

Un post muy interesante Ignacio! No es muy esperanzador el escenario energético que nos espera, aún nos queda mucho que reflexionar.

Cristian
Cristian
22/04/2021 11:25

Una forma estable de tecnología no debe basar su consumo normal en recursos energéticos anormales, como lo es la energía construida por el sol y almacenada durante millones de años.

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