Según un estudio de FEGiCAT (Federación de Gremios de Instaladores de Cataluña), que ha sido presentado recientemente al ministro de Industria, Jordi Hereu, el sector instalador de material eléctrico y climatización necesita incorporar, de manera inmediata, a 19.500 trabajadores cualificados solo en Cataluña.
Durante la última década, las empresas instaladoras han experimentado un proceso de cambios y transformaciones continuas que están redefiniendo el desarrollo de su actividad.
El impulso de la transición energética y la descarbonización de viviendas y edificios definen actualmente la hoja de ruta de las instituciones europeas, que han establecido un marco normativo a través de la aprobación de diferentes directivas orientadas al desarrollo de las energías renovables y la sustitución de equipos que emplean combustibles fósiles por nuevos sistemas que incrementan la eficiencia energética y reducen las emisiones de carbono.
En esta nueva coyuntura, las empresas instaladoras se encuentran en el centro de la transición energética y tienen por delante el mayor abanico de oportunidades de negocio de su historia con la diversificación, la digitalización y la apuesta multidisciplinar como principales tendencias en el mercado a medio y largo plazo.
Falta de personal cualificado
Sin embargo, la grave falta estructural de personal cualificado,un problema de primer orden que lastra la evolución del sector desde hace varios años, conforma la principal amenaza. Según un estudio de la Federación de Gremios de Instaladores de Cataluña (FEGiCAT), que ha sido presentado al ministro de Industria, Jordi Hereu, el sector instalador de material eléctrico y climatización necesita incorporar, de manera inmediata, a 19.500 trabajadores cualificados solo en Cataluña.
Este desequilibrio entre el incremento desorbitado de la demanda y la falta de personal cualificado está teniendo consecuencias directas en la actividad de las empresas, que se traducen en retrasos en la prestación de servicios a empresas y ciudadanos, aumento de los costes, inflación sectorial e intrusismo y economía sumergida, lo que conlleva riesgos para la seguridad de las instalaciones.
Tal y como se desprende de los resultados de dicha guía de empresas instaladoras, ese aumento de la actividad (que sí se refleja en los ingresos de explotación y el EBITDA), no se ha traducido aún en un incremento exponencial en el número de empleados que conforman las plantillas de las compañías.
Hasta ahora, las empresas instaladoras han conseguido acumular un mayor volumen de trabajo con equipos humanos similares debido a la dificultad para encontrar mano de obra cualificada, pero la realidad es que esta situación supone un límite al crecimiento de un sector que no dejará de absorber una gran demanda de trabajo durante los próximos años.
















