Con un propósito claro y firme, Fundación Tomillo transforma vidas y contribuye al futuro de los jóvenes gracias a la ilusión, perseverancia, colaboración y profesionalidad.
En los barrios del sur de Madrid, donde las oportunidades no siempre llegan a tiempo y el abandono escolar sigue siendo una amenaza silenciosa, la Fundación Tomillo lleva más de cuatro décadas demostrando que la formación puede cambiar trayectorias vitales. Desde 1984, esta entidad social trabaja para acompañar a jóvenes en situación de vulnerabilidad hacia un futuro más estable, autónomo y digno.
La Fundación Tomillo no entiende la educación como un proceso aislado ni la inserción laboral como un simple trámite administrativo. Su modelo se apoya en una idea clave: para que un joven pueda acceder al empleo, primero debe sentirse acompañado, escuchado y capaz. Y es precisamente esa combinación de formación técnica, apoyo personal y conexión con el entorno laboral la que convierte a Tomillo en un referente en el ámbito de la inclusión sociolaboral juvenil.
Desde sus inicios, la fundación ha tenido claro que los itinerarios de inserción no pueden ser lineales ni homogéneos. Cada joven llega con una historia distinta, con miedos, expectativas y experiencias previas que condicionan su relación con el aprendizaje. Por este motivo, Tomillo ha desarrollado un modelo socioeducativo integral que acompaña a la persona en todas las fases de su proceso formativo.
Este acompañamiento se traduce en tutorías constantes, seguimiento individualizado y un trabajo incesante sobre competencias personales y sociales: la gestión emocional, la autoestima, la responsabilidad o el trabajo en equipo. Elementos que no siempre aparecen en los currículos oficiales, pero que resultan decisivos para la permanencia en la formación y el acceso real al empleo.
La formación como motor de cambio
La enseñanza es el eje vertebrador del trabajo de la Fundación Tomillo. La entidad es centro concertado de Formación Profesional en la Comunidad de Madrid y ofrece tanto FP Básica como Grado Medio en distintas especialidades. A esta oferta se suma la Formación para el Empleo, dirigida especialmente a jóvenes y adultos que necesitan una cualificación rápida y adaptada a las demandas reales del mercado laboral.
Los programas formativos se concentran en sectores con alta empleabilidad, tales como electricidad, electrónica, eficiencia energética, hostelería, administración o informática. Pero más allá del sector, lo que distingue a Tomillo es la forma en que se construyen estos itinerarios mediante una fuerte orientación práctica, contacto permanente con empresas y un seguimiento que no termina cuando acaba el curso.
Un ejemplo claro de esta apuesta es el certificado profesional especializado en el montaje de instalaciones electrotécnicas y de telecomunicaciones en edificios. Se trata de una formación orientada a introducir al alumnado en el sector de la electricidad, dotándoles de competencias básicas para trabajar en instalaciones eléctricas y de telecomunicaciones.
Durante el curso, los alumnos aprenden desde el montaje de canalizaciones y cableado hasta la instalación de mecanismos eléctricos, siempre combinando la teoría con prácticas reales. Pero, de nuevo, la clave no está solo en el contenido técnico, sino en el contexto en el que se imparte: grupos reducidos, docentes con experiencia en el sector y una atención constante a las necesidades personales del alumnado.
El puente hacia el empleo
La conexión con el tejido empresarial es otro de los pilares fundamentales de la Fundación Tomillo. La entidad mantiene acuerdos con compañías de distintos sectores para que los alumnos puedan realizar prácticas profesionales.
Estas prácticas no son concebidas como un mero requisito formativo, sino como un auténtico puente hacia el empleo. En muchos casos, las empresas terminan incorporando a los alumnos a sus plantillas, cerrando un proceso que comienza en el aula y culmina en la contratación.
Además, Tomillo apuesta por anticiparse a las necesidades del mercado, impulsando formaciones vinculadas a sectores emergentes como la eficiencia energética o la transición ecológica. De este modo, se mejora la empleabilidad de los jóvenes y se contribuye al desarrollo económico y social del entorno.
Mucho más que una escuela
La Fundación Tomillo es, para muchos jóvenes, más que un centro de formación. Es un espacio seguro, una red de apoyo y, en ocasiones, el primer lugar donde alguien confía de verdad en sus capacidades.
El acompañamiento no termina cuando el alumno encuentra trabajo. El equipo educativo mantiene el contacto, realiza seguimiento y ofrece apoyo incluso meses después de la inserción laboral. Esta continuidad refuerza la estabilidad de los procesos y reduce el riesgo de abandono temprano del empleo.
Como caso de éxito, cabe señalar la historia de Massimo Ruggeri Lopesino, uno de esos jóvenes que llegaron a la Fundación Tomillo sin una hoja de ruta clara. Antes de descubrir el mundo de la electricidad, había pasado por el bachillerato de ciencias y por un ciclo formativo de desarrollo de aplicaciones multiplataforma. Ninguno de los dos caminos terminó de encajar con su personalidad.
Su aterrizaje en el curso ELES0208 de operaciones auxiliares de montaje de instalaciones electrotécnicas y de telecomunicaciones en edificios fue, como él mismo reconoce, “un poco de rebote”. Sin embargo, acabaría convirtiéndose en una experiencia decisiva.
Las prácticas las realizó en Inteve, una empresa de instalaciones eléctricas situada en Villaverde Bajo y asociada a APIEM. El inicio no fue sencillo: “No voy a mentir. Al principio se me hicieron muy duras. Durante los primeros días apenas realizaba tareas y la relación con los compañeros no fluía. Aquellas dos primeras semanas fueron especialmente exigentes a nivel mental”, recuerda.

Pero algo cambió. Con el paso del tiempo, la empresa empezó a confiar en él. Llegaron nuevas responsabilidades, más aprendizaje y, finalmente, una oportunidad laboral.
“Justo a mi llegada, me encontré con una gran obra en la que teníamos que cambiar la instalación eléctrica de dos bloques de 264 viviendas. Sin embargo, esa no fue mi parte favorita, ya que quería aprender procedimientos nuevos y ver cómo era el sector de la electricidad en su totalidad. Por suerte, me destinaron a otros lugares en los que pude cambiar luminarias y telerruptores, instalar picas de tierra, montar cuadros eléctricos, etc.”, explica.
En este sentido, lo que más valora no es solo lo aprendido en la obra, sino el acompañamiento recibido por parte de la Fundación Tomillo. “Siempre se han preocupado por mí. Desde el apoyo constante durante el curso, con tutoras pendientes del día a día, hasta el seguimiento posterior a las prácticas. A día de hoy, sigo recibiendo llamadas para saber cómo me va, si necesito algo o para invitarme a eventos”, afirma.
Para Massimo, esta nueva etapa profesional ha sido intensa y reveladora y, a pesar de que ya tenía experiencia laboral en el sector comercial, la electricidad le abrió un mundo completamente distinto.
Su mensaje para otros jóvenes es claro y directo: no quedarse quietos ni resignarse si lo que están estudiando no les hace felices. “Yo fallé varias veces hasta encontrar lo que me gusta. No tengáis miedo de equivocaros y no os conforméis con una vida que no os haga feliz”, finaliza.
















