Frente a la dependencia del petróleo, expertos de AEDIVE, AORU y A3E coinciden en señalar que la electromovilidad se perfila como una respuesta estructural, apoyada en la infraestructura, la eficiencia y la gestión energética.
Las tensiones geopolíticas en torno al petróleo, como el actual conflicto en Irán, vuelven a poner de manifiesto la vulnerabilidad estructural del modelo energético basado en combustibles fósiles. Se abre un escenario en el que la electrificación del transporte gana peso, ya no solo como herramienta de descarbonización, sino también como una alternativa más eficiente y menos expuesta a la volatilidad de los mercados internacionales.
Uno de los sectores más dependientes del petróleo, especialmente en Europa, sigue siendo el transporte. En el Viejo Continente, gran parte de los combustibles fósiles son importados desde regiones con elevada inestabilidad geopolítica. Una realidad que termina traduciéndose en una alta exposición a las fluctuaciones del precio del crudo, con impacto directo en el coste de la movilidad. Este es el contexto en el que el área de Material Eléctrico de C de Comunicación se dirige a la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica (AEDIVE), la Asociación de Operadores de Recarga Ultrarrápida (AORU) y la Asociación de Empresas de Eficiencia Energética (A3E), que desde el ámbito de la movilidad eléctrica coinciden en señalar la ventaja competitiva del vehículo eléctrico frente a modelos de combustión.
“La dependencia del combustible fósil es vulnerabilidad geopolítica”
“La dependencia del combustible fósil es vulnerabilidad geopolítica. En cambio, la electrificación sumada a energías renovables implica soberanía energética”, señala contundentemente Arturo Pérez de Lucia, director general de AEDIVE. Asimismo, destaca que la mayor eficiencia energética del coche eléctrico permite reducir de manera significativa el consumo de energía por kilómetro recorrido, lo que amortigua el impacto de posibles subidas tanto del petróleo como de la electricidad.
Concretamente, un vehículo eléctrico puede utilizar entre tres y cuatro veces menos energía que uno de combustión para recorrer la misma distancia, lo que reduce significativamente su coste de uso en contextos de encarecimiento de los combustibles fósiles.
Se trata de una ventaja que tiene su base en la propia eficiencia de la tecnología. “Mientras que un motor de combustión interna apenas convierte en movimiento útil un 20 % y un 30 % de la energía del combustible, un motor eléctrico alcanza rendimientos del orden del 85 % al 95 %”, explica Pepe Uruburu, director técnico de A3E.
“El vehículo eléctrico representa un cambio de paradigma”
Más allá del ahorro directo, la electrificación del transporte introduce cambios estructurales en el sistema energético. En términos de eficiencia energética, “el vehículo eléctrico representa un cambio de paradigma”, asegura Uruburu.
Pero este impacto no se limita exclusivamente a la eficiencia, sino que la movilidad eléctrica también abre la puerta a una mayor flexibilidad del sistema energético. Como señala el director técnico de A3E, los vehículos eléctricos no solo representan nueva demanda, sino que introducen una demanda gestionable.
“A través de la recarga inteligente, es posible desplazar consumos a horas valle o a momentos de alta generación renovable”, apunta Uruburu. Por parte de AORU, su presidente Bastien Verot recuerda que algunas tecnologías como el V2G (vehicle-to-grid) permiten que el vehículo pueda incluso actuar como almacenamiento distribuido, aportando energía a la red en momentos de alta demanda.
“La infraestructura de recarga, es la columna vertebral”
El desarrollo de la movilidad eléctrica está obligatoriamente ligado al despliegue de infraestructura. Sin una red de recarga adecuada, la transición hacia un modelo de transporte menos dependiente del petróleo resulta inviable. “Cada vez que hay una crisis del petróleo, volvemos a hacernos la misma pregunta: por que seguimos tan expuestos”, afirma Verot. “La respuesta es bastante directa: porque el transporte sigue funcionando casi por completo por combustibles fósiles”.
En este sentido, el presidente de AORU subraya el papel fundamental que tiene la infraestructura de recarga: “Sin cargadores, el vehículo eléctrico no llega al ciudadano. Y sin vehículo eléctrico, no hay transición real”.
Desde esta perspectiva, compartida por AEDIVE, la red de recarga comienza a adquirir un carácter estratégico dentro del sistema energético. “Es la columna vertebral de una movilidad que no depende del petróleo importado”, añade Verot, que defiende la necesidad de planificar su despliegue con una visión a largo plazo.
Integración y planificación del sistema energético
La infraestructura de recarga, además, desempeña un papel crucial en la integración del vehículo eléctrico en el sistema energético. En palabras del presidente de AORU, “con carga inteligente, el vehículo puede cargarse cuando hay más energía renovable disponible y el precio es más bajo, algo bueno para el usuario y para la red”.
Asimismo, la electrificación del transporte plantea nuevos retos en términos de planificación. “Si millones de coches empiezan a cargarse sin una red preparada, habrá cuellos de botella, tensiones en la red local y costes innecesarios”, advierte Verot.
El sector viene tiempo insistiendo en la necesidad de abordar esta transición desde una visión integral, en la que el despliegue de infraestructura de recarga, el refuerzo de las redes eléctricas y el desarrollo de energías renovables avancen de forma coordinada.
Paralelamente, la movilidad eléctrica abre nuevas oportunidades en el ámbito de la gestión energética, especialmente en edificios, empresas y flotas. Aquí, la recarga de vehículos puede integrarse en el perfil de consumo global, permitiendo optimizar la demanda y aprovechar mejor la generación renovable.
Desde A3E subrayan que la gestión energética y la eficiencia se consolidan como elementos clave para el desarrollo ordenado de la movilidad eléctrica. En este sentido, su director técnico sostiene que la clave no está solo en electrificar, sino en hacerlo de forma inteligente, “integrando la movilidad dentro de una estrategia energética global”.
Respuesta estructural ante la volatilidad energética
La actual coyuntura geopolítica vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reducir la dependencia del petróleo en el transporte. La electrificación, apoyada en una infraestructura de recarga adecuada y en una gestión inteligente del sistema energético, se perfila como una de las principales palancas para avanzar en esta dirección.
Más allá de su contribución a la descarbonización, el vehículo eléctrico se consolida como una herramienta para mejorar la eficiencia, reducir costes y reforzar la resiliencia energética. Pero la transición hacia la movilidad eléctrica necesita que se cumplan algunos requisitos. Desde AEDIVE, Pérez de Lucia habla de dotarlo de “certezas, es decir, un marco estable y coherente en el ámbito regulatorio”.
Asimismo, indica que es importante “priorizar la infraestructura de recarga pública y reforzar la capacidad de la red eléctrica”. Y esto debe ir acompañado “de un marco retributivo estable que incentive la inversión de las distribuidoras”. Por otro lado, también sería necesario “activar una fiscalidad atractiva y acorde a los objetivos de sostenibilidad,especialmente en el segmento de las flotas de empresa para impulsar su electrificación. Y, por último, “una mejorcolaboración público-privada”.
















