Operar en el mercado europeo de baterías con Pasaporte Digital será obligatorio a partir del 18 de febrero de 2027.
El Battery Passport será obligatorio en la Unión Europea a partir del 18 de febrero de 2027 y cambiará la forma en la que se diseñan, fabrican, importan y comercializan las baterías. Se trata de un pasaporte digital que recoge información clave sobre trazabilidad, huella de carbono, rendimiento y circularidad. “Es una nueva exigencia regulatoria y la llave para seguir operando y ganar competitividad en el mercado europeo de baterías”, subrayan desde ITE (Instituto Tecnológico de la Energía).
La normativa europea prevé vetos de comercialización, inmovilizaciones en aduanas, retiradas de producto y sanciones económicas para las empresas que no cumplan con esta exigencia regulatoria.
De esta manera, el Battery Passport se convertirá en una condición imprescindible para operar en la Unión Europea en ámbitos como la movilidad eléctrica, el almacenamiento industrial o las baterías para micromovilidad.
A qué baterías afecta el pasaporte digital
La normativa afecta tanto a baterías fabricadas en la UE como importadas. Cuando el fabricante se encuentra fuera del territorio comunitario, la responsabilidad recae directamente en el importador u operador que introduce la batería por primera vez en el mercado europeo.
La obligación se aplicará a:
- Baterías de vehículo eléctrico
- Baterías industriales con capacidad superior a 2 kWh
- Baterías para patinetes y bicicletas eléctricas
Más de 90 requisitos de información
El Battery Passport concentrará más de 90 campos de información relacionados con:
- Identificación y trazabilidad completa de la batería
- Huella de carbono
- Abastecimiento responsable de materias primas
- Contenido reciclado y circularidad
- Contenido reciclado y circularidad
- Rendimiento y durabilidad
Parte de estos datos serán de acceso público y otra parte quedará restringida. Además, determinados indicadores deberán estar respaldados por verificaciones realizadas por organismos o auditores acreditados.
La incoherencia entre los datos declarados en el pasaporte y los resultados de ensayo o la documentación técnica será objeto de control prioritario por parte de las autoridades de vigilancia de mercado. “El principal reto no es normativo, sino tecnológico y organizativo: cómo recoger, verificar, compartir y actualizar datos de forma fiable a lo largo de toda la cadena de valor”, señala Arturo Pérez de Lucia, director general de AEDIVE y vicepresidente de E-Mobility Europe.
Uno de los grandes desafíos será la gestión de la información. Cada batería deberá contar con un identificador único y un código QR que permita acceder a su historial completo a lo largo de todo su ciclo de vida.
Una exigencia regulatoria que impacta en toda la cadena de valor
La implementación del Pasaporte Digital de baterías obliga a las empresas a revisar las fuentes de datos a lo largo de la cadena de suministro. Por ejemplo, la calidad y actualización de la información o la integración de estos datos en los procesos de fabricación y operación.
Pérez de Lucia, de AEDIVE afirma que para los actores más operativos del ecosistema (instaladores, reparadores, operadores de flotas o de infraestructura), el valor del pasaporte digital estará en la información práctica y accesible, no solo en la regulatoria.
Para acompañar a la industria, el ITE pone a disposición su BatteryLab, un laboratorio acreditado por ENAC (Entidad Nacional de Acreditación). El objetivo es realizar ensayos de rendimiento, durabilidad, degradación, segunda vida y análisis post-mortem. Estos resultados constituirán la base técnica de muchos de los campos exigidos por el Battery Passport, lo que será clave para la evaluación de conformidad y el marcado CE.
El incumplimiento no solo tendrá consecuencias regulatorias. La falta de pasaporte o la baja calidad de los datos reportados puede afectar a la credibilidad de las empresas en materia de sostenibilidad, dificultar el acceso a financiación verde y limitar coberturas de seguro.
















