Albert Vives Solà, Data Centers Segment Manager en ABB Electrification España, analiza en esta conversación con C de Comunicación cómo la creciente demanda energética, la necesidad de infraestructuras más flexibles y la importancia de la monitorización están redefiniendo el diseño y la operación de los centros de datos.
“Antes incluso de avanzar en el diseño del propio centro de datos, se vuelve fundamental tener garantías claras sobre el acceso a la energía”. Así lo explica Albert Vives Solà, Data Centers Segment Manager en ABB Electrification España, al analizar el momento de profunda transformación que vive el sector. Y es que la expansión de los centros de datos está impulsando una evolución radical de la infraestructura eléctrica que sustenta estas instalaciones. Si durante años el foco estuvo puesto en desplegar nueva capacidad a toda velocidad, hoy cobran cada vez más relevancia aspectos como la eficiencia operativa, la monitorización, la resiliencia y la capacidad de adaptación a nuevas demandas.
Además, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) está acelerando este proceso a marchas forzadas. El aumento exponencial de la densidad energética por rack, la necesidad de arquitecturas eléctricas mucho más flexibles y la creciente presión sobre la disponibilidad de la red están obligando a replantear de arriba a abajo algunos de los criterios tradicionales de diseño y planificación del negocio. En este contexto de cambio regulatorio y tecnológico, conversamos con Albert Vives para conocer de primera mano cómo están evolucionando los requisitos eléctricos de los centros de datos y cuáles son los principales desafíos reales que afronta el sector en materia de operación, modernización y gestión de infraestructuras críticas.
Pregunta. La irrupción de cargas asociadas a IA está elevando la densidad energética de muchos proyectos. ¿Qué cambios reales estáis viendo en los requisitos eléctricos de los nuevos centros de datos?
Respuesta. Los centros de datos están en constante evolución, pero la irrupción de cargas asociadas a IA está introduciendo cambios muy concretos en los requisitos eléctricos. El más evidente es el aumento significativo de la densidad energética por rack, pasando de valores tradicionales de 5-10 kW a rangos actuales que ya superan los 30-50 kW, e incluso más en entornos de alta computación.
Además, la velocidad de evolución tecnológica está forzando que los diseños sean cada vez más flexibles y escalables, permitiendo adaptar rápidamente la infraestructura eléctrica a cambios en los perfiles de carga. En este contexto, la resiliencia ya no solo se mide en términos de redundancia, sino también en la capacidad del centro de datos para absorber incrementos de potencia y adaptarse a nuevas densidades sin rediseños completos.
P. ¿Crees que parte de la infraestructura diseñada hace apenas unos años empieza a quedarse limitada para determinadas cargas de alta densidad?
R. Cuando hablamos de avances tecnológicos, especialmente en entornos como los centros de datos, es fácil percibir que el ritmo de evolución es muy rápido y que las infraestructuras pueden quedar superadas en plazos relativamente cortos.
En este contexto, más que hablar de limitaciones estrictas, yo lo vería como un escenario en el que las necesidades van cambiando y las infraestructuras deben ir acompañando esa evolución. Esto supone un reto, pero también una oportunidad para gestionar de forma más eficiente el funcionamiento y rendimiento de los activos existentes. La clave está en adaptar en cada momento la operación a la capacidad disponible, optimizando el uso de la infraestructura y priorizando según las necesidades reales. Y, por supuesto, con una visión a medio y largo plazo, ir incorporando las actualizaciones necesarias para responder a nuevas demandas, especialmente en entornos de mayor densidad.
“La energía pasa a ser uno de los ejes principales sobre los que se estructura todo el desarrollo del proyecto”
P. En este nuevo escenario de mayor criticidad energética, ¿qué errores o limitaciones siguen apareciendo con más frecuencia en la fase de diseño?
R. Creo que estamos en el momento en el que aún se está aprendiendo cómo deben evolucionar este tipo de instalaciones en un contexto de mayor exigencia energética. Más que hablar de errores claros, lo que se percibe es que hay ciertos retos en la fase de diseño, especialmente a la hora de anticipar necesidades futuras que están cambiando muy rápidamente.
También es evidente que la disponibilidad de capacidad energética es un factor que está ganando mucho peso y que introduce nuevas variables en el diseño, abriendo un debate relevante en el sector sobre cómo dar respuesta a la creciente demanda. En general, creo que estamos en una fase de evolución, donde todos los actores del sector, incluidos los fabricantes, vamos ajustando soluciones y propuestas para responder mejor a estas nuevas necesidades, con un foco cada vez mayor en la eficiencia, el rendimiento y la capacidad de adaptación.
P. España vive un fuerte crecimiento en capacidad de centros de datos, pero también una creciente presión sobre la red eléctrica. ¿Cómo está cambiando esto la planificación de los proyectos?
R. Como comentaba anteriormente, estamos en un momento en el que el debate dentro del sector sobre cómo dar respuesta a la creciente demanda energética está muy presente. En este contexto, la planificación de los proyectos está cambiando en el sentido de que cada vez cobra más importancia asegurar la disponibilidad energética desde fases muy iniciales. Es decir, antes incluso de avanzar en el diseño del propio centro de datos, se vuelve fundamental tener garantías claras sobre el acceso a la energía.
Esto está haciendo que los proyectos se planteen de forma más condicionada por la capacidad de la red, incorporando este factor como un elemento clave en la toma de decisiones. En definitiva, la energía pasa a ser uno de los ejes principales sobre los que se estructura todo el desarrollo del proyecto.
P. Más allá de disponer de energía, ¿el gran reto pasa ahora por cómo se distribuye, protege y gestiona esa capacidad dentro de la infraestructura crítica?
R. La tecnología avanza de manera muy rápida, pero en muchos casos la necesidad de este tipo de infraestructuras lo hace aún más. En ese sentido, más allá de disponer de energía, el reto está también en cómo se adapta la infraestructura para gestionarla de forma eficiente en cada momento.
Sin entrar en aspectos demasiado técnicos, parece claro que cada vez cobra más importancia no solo la capacidad disponible, sino la forma en la que se distribuye, se protege y se optimiza dentro del propio centro de datos, especialmente en entornos con mayores exigencias de densidad. El principal desafío está en acompañar esta evolución mediante una constante mejora de las soluciones, con un foco en la flexibilidad, el rendimiento y la capacidad de adaptación. Es un proceso continuo de ajuste e innovación para poder dar respuesta, en tiempo y forma, a las necesidades de cada momento.
“La resiliencia ya no solo se mide en términos de redundancia, sino también en la capacidad del centro de datos para adaptarse a nuevas densidades”
P. En proyectos críticos, ¿siguen pesando demasiado los criterios de inversión inicial frente a una visión más centrada en el ciclo de vida de la infraestructura?
R. Tradicionalmente, en muchos proyectos el foco ha estado muy condicionado por la inversión inicial. Sin embargo, en entornos críticos, cada vez es más evidente que esta visión resulta limitada si no se tiene en cuenta el ciclo de vida completo de la infraestructura.
Hoy vemos una evolución clara hacia modelos donde aspectos como la eficiencia operativa, el mantenimiento, la digitalización y la capacidad de monitorización tienen un peso cada vez mayor en la toma de decisiones. En este sentido, proyectos especialmente exigentes están impulsando esta visión más global, donde la fiabilidad, la seguridad y la sostenibilidad se convierten en criterios fundamentales desde la fase de diseño. Desde nuestro ámbito, trabajamos precisamente en esta línea, aportando soluciones que permiten optimizar no solo la inversión inicial, sino el comportamiento de la infraestructura a lo largo del tiempo.
P. Durante años el foco del sector estuvo puesto en construir nueva capacidad. ¿Crees que ahora empieza a haber una mayor preocupación por cómo operar, mantener y modernizar esa infraestructura a largo plazo?
R. Estamos en una fase de madurez del sector en la que ya no solo es relevante el “cuánto construimos”, sino especialmente el “cómo lo operamos y optimizamos a lo largo del tiempo”. En los últimos años se ha avanzado mucho en el desarrollo de nueva capacidad, y esto ha permitido adquirir un conocimiento muy valioso sobre qué funciona mejor en términos de diseño y eficiencia. Como resultado, ahora vemos un mayor foco en la explotación inteligente de los activos existentes.
Esto pasa, en gran medida, por incorporar tecnología que permita mejorar la eficiencia energética, optimizar la operación y extender la vida útil de las infraestructuras. El objetivo es claro: maximizar el rendimiento con el menor impacto posible, apoyándonos en soluciones digitales y en una gestión cada vez más integrada.
P. En entornos donde la continuidad operativa es crítica, ¿crees que los operadores tienen hoy suficiente visibilidad sobre el comportamiento de su infraestructura eléctrica o sigue habiendo margen importante de mejora en monitorización y anticipación de fallos?
R. La visibilidad sobre la infraestructura ha mejorado de forma muy significativa en los últimos años gracias a la digitalización y al uso de tecnologías avanzadas de monitorización. Dicho esto, en entornos críticos como los data centers, la exigencia es máxima y la mejora continua forma parte del propio modelo operativo. Siempre existe margen para seguir avanzando, especialmente en la anticipación de eventos y en la toma de decisiones basadas en datos.
Garantizar la continuidad de servicio no depende de un único elemento, sino de un enfoque integral que abarca desde la generación y la distribución, hasta la gestión dentro de las propias instalaciones. En este contexto, la colaboración entre todos los actores y el uso inteligente de la tecnología son clave para seguir incrementando los niveles de fiabilidad. En este sentido, las soluciones con capacidades avanzadas de medida y conectividad permiten disponer de información en tiempo real y facilitar una toma de decisiones más ágil y basada en datos.
P. Muchas veces se habla de redundancia como garantía absoluta de continuidad. En la práctica, ¿dónde suelen aparecer los fallos o riesgos que más se subestiman?
R. Aunque la redundancia es un elemento clave en el diseño de infraestructuras críticas, por sí sola no garantiza la continuidad absoluta del servicio. En la práctica, los riesgos no suelen estar asociados a un único punto, sino a la interacción entre sistemas, a la operación y al mantenimiento a lo largo del ciclo de vida de la instalación. Por ello, las soluciones que permiten intervenir de forma segura sin necesidad de desenergizar el sistema aportan un valor diferencial al reducir riesgos operativos y tiempos de intervención.
En este sentido, la monitorización avanzada y la gestión proactiva permiten identificar desviaciones de forma temprana y actuar antes de que tengan un impacto significativo. Además, desde el punto de vista de los fabricantes, existe un trabajo continuo de mejora de las soluciones, validándolas en entornos controlados y adaptándolas a las nuevas exigencias, con el objetivo de seguir incrementando los niveles de fiabilidad y resiliencia del sistema.
P. ¿Hasta qué punto la presión por acelerar despliegues y reducir tiempos de entrega está condicionando decisiones técnicas que luego impactan en operación y mantenimiento?
R. Es cierto que el sector está en un momento en el que la reducción de tiempos de despliegue tiene un peso muy relevante. No obstante, abordamos este reto buscando siempre un equilibrio. La agilidad es importante, pero en ningún caso debe comprometer aspectos clave como la seguridad de las personas, la integridad de las instalaciones o la fiabilidad de la operación.
Por este motivo, las decisiones técnicas se siguen tomando bajo criterios de robustez y seguridad, especialmente en entornos críticos. Reducir plazos es un objetivo constante, pero siempre dentro de un marco que garantice que las soluciones mantienen los estándares de calidad y rendimiento esperados a largo plazo.
“Ya no solo es relevante cuánto construimos, sino cómo lo operamos y optimizamos a lo largo del tiempo”
P. Muchos operadores empiezan a enfrentarse al reto de modernizar instalaciones existentes sin comprometer la continuidad operativa. ¿Crees que el mercado entra en una etapa importante de retrofit y actualización de infraestructura?
R. El mundo del centro de datos ha ganado mucha relevancia en los últimos años. Aun así, es evidente que existen instalaciones con cierta antigüedad (teniendo en cuenta que los primeros centros de datos se remontan a los años 80). Parece lógico pensar que progresivamente se irá dando un proceso de reacondicionamiento o actualización de estas instalaciones, tanto por el paso del tiempo como por la evolución tecnológica y de las propias necesidades del sector.
Al mismo tiempo, las infraestructuras más recientes probablemente seguirán enfocadas en su explotación y amortización en función de sus características y diseño inicial. En general, da la sensación de que convivirán ambos escenarios: por un lado, la adaptación de instalaciones existentes y, por otro, el desarrollo y optimización de nuevos centros más alineados con las demandas actuales.
P. ¿Qué aspectos siguen infraestimándose cuando se aborda la modernización de una infraestructura eléctrica crítica ya en operación?
R. Creo que, en este tipo de proyectos, más que aspectos concretos, lo que a veces se puede infraestimar es la complejidad de intervenir sobre una instalación que ya ha estado en operación. En este sentido, la planificación, la coordinación entre equipos y la capacidad de adaptación cobran un papel especialmente relevante.
P. Tras varios años marcados por problemas de suministro, ¿se ha normalizado realmente la situación en equipamiento eléctrico crítico o sigue condicionando la planificación y ejecución de proyectos?
R. Estamos en un contexto global que sigue siendo cambiante, y esto hace que el paradigma haya evolucionado en los últimos años. Aunque la situación parece más estable que en momentos anteriores, da la sensación de que ciertos condicionantes siguen presentes.
Más que hablar de una normalización completa, quizá se podría decir que el sector se ha adaptado a trabajar en este nuevo entorno, donde la anticipación y la planificación cobran más importancia que antes. En este sentido, tanto usuarios como fabricantes debemos estar preparados para gestionar posibles variaciones en plazos o disponibilidad, ajustando los proyectos con mayor flexibilidad. En definitiva, es un escenario que, aunque más controlado, sigue requiriendo una capacidad de adaptación constante.
P. En términos de eficiencia energética, ¿dónde crees que existe hoy un mayor margen real de mejora: diseño, monitorización, operación, mantenimiento o modernización de equipos?
R. Desde mi punto de vista, el diseño es el punto de partida dentro de toda la cadena, especialmente si lo enfocamos a facilitar una correcta monitorización y operación de las soluciones.
Un buen diseño permite sentar las bases para que la infraestructura funcione de forma eficiente desde el inicio. Si esto está bien resuelto, es más sencillo asegurar una buena operación y una monitorización adecuada, lo que a su vez facilita que las tareas de mantenimiento y futuras modernizaciones sean más precisas y planificadas. En este sentido, todos los elementos están conectados: un diseño bien planteado no solo optimiza el rendimiento en el presente, sino que también reduce incidencias, mejora la previsión y permite una evolución más ordenada de la infraestructura a lo largo del tiempo.
“Cada vez cobra más importancia asegurar la disponibilidad energética desde fases muy iniciales”
P. Después de casi dos décadas trabajando en electrificación y servicios críticos, ¿qué conversación crees que el sector de los centros de datos todavía no está abordando con suficiente profundidad?
R. Más que identificar una conversación concreta que no se esté abordando, diría que todavía hay margen para profundizar en cómo acompañar el ritmo de crecimiento que están experimentando los centros de datos de una forma equilibrada.
En un contexto donde la demanda no deja de crecer, da la sensación de que el foco suele estar en dar respuesta rápida a las necesidades, y quizá queda recorrido para reflexionar con más profundidad sobre cómo hacer esa evolución de forma sostenible en el tiempo, tanto desde el punto de vista energético como operativo. También puede ser interesante seguir avanzando en la colaboración entre los distintos actores del sector (operadores, ingenierías, fabricantes y administraciones) para afrontar de forma conjunta los retos que plantea este crecimiento. En definitiva, más que un tema concreto, parece que el reto está en integrar todas estas conversaciones en una visión más global y a largo plazo.
















