Con el crecimiento de la IA amenazando la capacidad de la red eléctrica, el sector de las infraestructuras críticas acelera sus planes de contingencia. Expertos de Spain DC, APPA Renovables, UNEF, Cap Ingelec y TERA Batteries analizan el paso definitivo del respaldo estático al modelo energético integral.
La industria europea de centros de datos se enfrenta a uno de los mayores desafíos energéticos de su historia. El crecimiento de la inteligencia artificial (IA), el cloud y la electrificación está disparando las necesidades de potencia, con previsiones que apuntan a un incremento de la demanda superior al 50 % antes de 2030. Al mismo tiempo, los retrasos en las conexiones de alta tensión y la falta de capacidad disponible en determinados nudos empiezan a tensionar el desarrollo de nueva infraestructura digital. En este contexto, conceptos como microrredes, autoconsumo, almacenamiento energético (BESS) y escenarios de operación parcial fuera de red han pasado del terreno experimental a la planificación estratégica de parte del sector.
Para analizar la viabilidad técnica, normativa y estratégica de este escenario, C de Comunicación reúne a expertos de los principales actores del sistema: la asociación española de centros de datos (Spain DC), el sector renovable (APPA Renovables y UNEF), la ingeniería (Cap Ingelec) y la industria del almacenamiento (TERA Batteries).
Independencia energética, ¿es el modo isla una solución real o una utopía técnica?
Frente al cuello de botella que suponen los accesos a la red (con Red Eléctrica reconociendo más de 92.000 MW de solicitudes en tramitación, y regiones como Aragón acumulando peticiones de 6 GW frente a los 2,6 GW que actualmente cuentan con permiso de acceso, como recuerdan desde APPA Renovables), el concepto de “trae tu propia energía” (Bring Your Own Power) ha pasado de la teoría a los planes de contingencia de los promotores.
Desde el ámbito de la ingeniería, Rafael Madrid Grande, Business Development de Cap Ingelec, aterriza las implicaciones físicas de esta independencia de la red: “No es una utopía técnica, ahora mismo es un problema de CAPEX”. Madrid explica que un centro de datos de gran escala para IA de unos 100 MWIT requeriría alrededor de 120 MW de consumo real. Para alimentarlo de forma aislada mediante energía solar sería necesario multiplicar por cinco esa potencia, alcanzando unos 600 MWp de renovables, equivalentes a cerca de 3.000 hectáreas de superficie.
A ello habría que añadir sistemas de almacenamiento de entre 2 y 3 GWh, que requerirían varias hectáreas adicionales y su propia infraestructura de refrigeración. “El CAPEX con todo esto se dispara. Todo llegará, pero cuando seamos más eficientes en las placas solares y en el almacenamiento”, sostiene.
No se trata de elegir “todo red” o “todo isla”
Por otro lado, las asociaciones sectoriales coinciden en que el aislamiento total no debe ser el camino estructural. Alejandro Fuster, director técnico de Spain DC, matiza que el sector no ve el autoabastecimiento de forma negativa, puesto que bien planteado aporta resiliencia y acelera proyectos, pero recalca: “Lo que no sería razonable es que el autoabastecimiento se convierta en la única vía para desarrollar centros de datos por falta de capacidad de red”.
Se trata de una postura que comparten plenamente en APPA Renovables, donde defienden que un centro aislado desaprovecha las eficiencias del mix español. “La vía razonable no es elegir entre ‘todo red’ o ‘todo isla’, sino un modelo híbrido y conectado”, apuntan. Asimismo, abogan por instalaciones con generación renovable en proximidad, almacenamiento propio y una conexión firme a la red para intercambiar energía en ambas direcciones.
Por su parte, Borja Dalmau, director de almacenamiento de UNEF, ve el vaso medio lleno y defiende que, ante los problemas actuales de las redes de transporte y distribución, “el autoconsumo con almacenamiento se presenta como una solución para que la industria se integre en nuestro sistema eléctrico de una manera competitiva”.
De SAI a activo energético: el nuevo rol del BESS
Los expertos señalan que el almacenamiento está llamado a evolucionar desde una protección estática de emergencia (los tradicionales SAIs y grupos diésel) hacia un activo dinámico capaz de interactuar con el sistema eléctrico. Operativamente, España ya cuenta con 221 MW de baterías funcionando y descargando a la red, según recuerda Borja Dalmau (UNEF) y la potencia BESS conectada ha experimentado un crecimiento superior al 600 % entre abril de 2025 y abril de 2026, pasando de 28 MW a 220 MW, como se desprende del Informe Anual de Autoconsumo y Almacenamiento 2025 de APPA Renovables.
Sin embargo, para que los centros de datos pongan sus baterías al servicio del sistema, la prioridad operativa sigue siendo innegociable. “Un centro de datos no puede poner en riesgo su operación. Su función principal es garantizar que los servicios digitales de sus clientes estén disponibles de forma continua y segura”, advierte Alejandro Fuster (Spain DC).
Atendiendo a este contexto, desde la asociación defienden la voluntariedad del operador, rechazando cualquier imposición regulatoria de instalar o financiar baterías por necesidades del sistema: “Lo que no sería razonable es que, por falta de capacidad de red o por necesidades del sistema eléctrico, se trasladase a los centros de datos la obligación de instalar, financiar u operar baterías”, explica.
Desafíos técnicos y operativos
Además de las barreras regulatorias (como la ausencia de un mercado de capacidad maduro que garantice la bancabilidad de los proyectos a gran escala, un modelo que en Reino Unido ya movilizó más de 4,5 GW en 2025), existen importantes desafíos técnicos y operativos.
Con respecto a si el BESS puede sustituir por completo al generador diésel tradicional, los expertos muestran respuestas con diferentes enfoques. Desde TERA Batteries, afirman que técnicamente ya son una solución viable para sustitución total o parcial en aplicaciones off-grid, aunque el enfoque óptimo pasa por una arquitectura híbrida donde la batería almacene el excedente renovable y el generador diésel quede relegado exclusivamente a tareas de respaldo y contingencia.
Prudencia ante las limitaciones operativas
Asimismo, desde Cap Ingelec, Rafael Madrid recuerda que parte del respaldo tradicional ya evoluciona hacia grupos electrógenos alimentados con HVO (Hydrotreated Vegetable Oil), capaces de reducir significativamente las emisiones frente al diésel convencional. No obstante, se muestran prudentes con respecto a una sustitución total debido a las limitaciones operativas: “Imaginemos que el grupo electrógeno se diseña para durar 12 horas sin interrupciones; si hiciera falta pasar a 24 horas de autonomía, solo había que gestionar que el suministrador te entregue diésel o HVO antes de llegar al límite. Esta flexibilidad no la tienen las BESS”, argumenta, concluyendo que, por el momento, “serán sistemas híbridos”.
El paso del BESS a un rol diario e intensivo para mitigar los picos de consumo de la IA también pasa factura al hardware. TERA Batteries explica que este nuevo paradigma operativo obliga a modelar la degradación de la batería desde la fase de diseño, controlando variables como el número de ciclos diarios, la profundidad de descarga (DoD) y los picos de corriente.
Y en el caso de entornos críticos, la compañía destaca que “la gestión térmica deja de ser un complemento, para pasar a ser un factor estratégico”, recomendando arquitecturas modulares y distribuidas para evitar puntos calientes.
Horizonte 2030: medidas urgentes para evitar el “frenazo digital”
Con el fin de evitar que la crisis de capacidad lastre la competitividad del país, todos los expertos coinciden en que las soluciones deben ejecutarse de forma inmediata, elevando la infraestructura eléctrica al rango de prioridad de política industrial.
En este sentido, desde APPA Renovables urgen a adaptar la próxima Planificación de la Red de Transporte 2026-2030 para incorporar escenarios realistas del crecimiento de los centros de datos. Del mismo modo, demandan ordenar las solicitudes de acceso con rigor utilizando herramientas como el Real Decreto-ley 7/2026 para limpiar las reservas puramente especulativas de capacidad y priorizar proyectos industriales maduros.
A la lista de tareas urgentes, Borja Dalmau (UNEF) añade la necesidad de acelerar los concursos de demanda y la publicación definitiva de las conexiones flexibles por parte de la CNMC para la red de distribución, facilitando de este modo el despliegue del almacenamiento distribuido previsto para el verano.
El reto de la refrigeración
Finalmente, el debate técnico deja una última derivada crítica: la refrigeración. Integrar sistemas de generación y microrredes in situ añade una notable complejidad al diseño térmico del data center. Como advierte Rafael Madrid (Cap Ingelec), los sistemas tradicionales por torre de evaporación pueden elevar la temperatura ambiental y empeorar el PUE (Power Usage Effectiveness) del centro de datos. “Para evitar esto habría que hacer circuitos cerrados de refrigeración, de tal forma que la salida de agua del rack sirva para precalentar algún proceso de la pila o de la microrred. Se puede conseguir, pero se debe hacer un diseño integral”, concluye.
A pesar de las dificultades en la cadena de suministro global y la competencia por las materias primas con el vehículo eléctrico, la industria nacional se muestra optimista. Como señalan desde TERA Batteries, España dispone del tejido industrial, el ecosistema renovable y la especialización tecnológica necesarios para consolidar una cadena de valor propia en torno al almacenamiento energético.
Hacia un modelo integral
El consenso del sector es claro: el futuro del centro de datos no será completamente aislado de la red, pero tampoco dependerá exclusivamente de ella. El modelo que empieza a imponerse combina conexión eléctrica, almacenamiento, generación renovable, flexibilidad y respaldo distribuido.
La cuestión ya no es exclusivamente tecnológica. La industria se encuentra en un contexto en el que el verdadero desafío será regulatorio, industrial y de planificación. Porque, como resume Alejandro Fuster (Spain DC), la capacidad eléctrica ha dejado de ser solo una cuestión energética para convertirse en un factor de competitividad país.
















