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“La IA ha convertido al centro de datos en la central eléctrica del conocimiento”

Por Sara PortilloResponsable de la sección de Centros de Datos en Material Eléctrico

“Estamos ante una de las oportunidades económicas más grandes en décadas, pero sin potencia eléctrica no hay soberanía digital”. Así lo explica José Luis Friebel, Chief Growth Officer de InfraXMedia, quien aborda el momento crítico que atraviesa la infraestructura digital. Para el directivo, esta urgencia no es casual, sino la respuesta a una realidad insoslayable: el sector de los centros de datos ya no es lo que era hace apenas tres años. La irrupción de la inteligencia artificial (IA) no solo ha tensionado las infraestructuras existentes, sino que ha obligado a replantear el modelo industrial de regiones enteras. En este contexto nace el AI Cities Summit, una cumbre global cuya primera edición europea se celebrará en Zaragoza en 2027. 

Para profundizar en este cambio de paradigma, hablamos con Friebel. Con más de 18 años de experiencia y presencia en los consejos de las principales asociaciones del sector (SpainDC, MEXDC), el directivo analiza en esta entrevista con C de Comunicación por qué el sur de Europa, y especialmente el eje ibérico, se encuentran ante una oportunidad histórica que va mucho más allá de la tecnología: es una cuestión de soberanía y energía.

Pregunta. José Luis, para entrar directamente en materia, se habla mucho de la revolución de la IA, pero desde el punto de vista de la infraestructura física, ¿qué está cambiando realmente y qué es coyuntural frente a lo estructural?

Respuesta. La Inteligencia Artificial ha provocado que la infraestructura digital deje de ser un sector de soporte para convertirse en la columna vertebral de la nueva economía industrial. Todos sabemos que la IA está reconfigurando las economías del planeta, pero hay una realidad física insoslayable: la IA no vive solo en el código; vive en el hardware y se alimenta de electrones. Necesita centros de datos con una densidad de potencia sin precedentes, energía estable y una infraestructura física capaz de soportar cargas de trabajo masivas.

Para entender este fenómeno, debemos distinguir claramente entre el ruido del momento y el cambio de cimientos. Por un lado, con relación a lo coyuntural, estamos en una fase de “fiebre del oro” marcada por una movilización de capital masiva y una carrera frenética por el posicionamiento. Esta intensidad, que presiona las cadenas de suministro de componentes eléctricos y genera cuellos de botella en la entrega de equipos (como transformadores o generadores), es propia de un primer ciclo expansivo. Con el tiempo, la oferta y la demanda de componentes se equilibrarán y los procesos de despliegue se estandarizarán.

P. ¿Y dónde situamos entonces el cambio irreversible, ese que realmente marca un antes y un después en los cimientos de la industria?

R. En lo estructural es donde la IA marca un antes y un después irreversible. Este cambio estructural se resume en tres ejes. En primer lugar, hablamos de la densidad como norma. Hemos pasado de diseñar salas de datos para 5-10 kW por rack a proyectar entornos de 50 kW a 150 kW y más. Esto obliga a una reingeniería total de la distribución eléctrica interna y a la adopción de refrigeración líquida de forma masiva. No es una moda; es una necesidad física de los nuevos chips.

El segundo eje es la energía como activo estratégico. Ya no se trata solo de “comprar energía”, sino de gestionar la red. La planificación energética se ha convertido en el factor limitante. El cambio estructural es que el centro de datos ahora debe ser un agente activo de la red eléctrica, capaz de aportar flexibilidad, usar almacenamiento a gran escala y colaborar en la estabilidad del sistema.

Por último, el tercer eje es la soberanía y el impacto territorial. La infraestructura digital ha pasado a ser una cuestión de Estado. El rápido auge de esta infraestructura representa una de las oportunidades económicas más grandes en décadas, pero también una de las más complejas de gestionar para los gobiernos. El reto estructural es crear un marco regulatorio que entienda que sin potencia eléctrica no hay soberanía digital. En definitiva, lo que estamos viendo es la industrialización de la computación. La IA ha convertido al centro de datos en la “central eléctrica” del conocimiento, y esa es una transformación que va mucho más allá de una simple tendencia tecnológica; es el nuevo modelo de desarrollo industrial para el siglo XXI.

P. En este nuevo escenario global, ¿qué está impulsando el creciente posicionamiento de España y el sur de Europa como hubs digitales y hasta dónde puede llegar realmente la región?

R. El ascenso de España y el sur de Europa como hubs digitales no es casualidad sino el resultado de una tormenta perfecta positiva donde una ubicación estratégica única se combina con una conectividad internacional de primer nivel y una ventaja competitiva decisiva en energía renovable. En un escenario global donde la inteligencia artificial demanda infraestructuras masivas y sostenibles el mapa digital se está reordenando hacia el sur porque la región ofrece la capacidad de generación limpia que el centro de Europa ya no puede escalar. El techo de esta evolución dependerá de nuestra agilidad para transformar este potencial en políticas claras y planificación eléctrica eficiente que dé seguridad a los inversores. Iniciativas como la AI Cities Summit son críticas en este proceso al actuar como el puente necesario entre el sector público y privado para descifrar las condiciones que atraen capital y consolidar infraestructuras de IA resilientes que garanticen la soberanía tecnológica y el desarrollo económico sostenido en todo el territorio.

P. Hablando de ese potencial, ¿cuáles siguen siendo los principales retos o cuellos de botella para que el sur de Europa compita realmente con los grandes mercados tradicionales europeos?

R. El principal reto que afronta el sur de Europa para competir con los mercados tradicionales es su capacidad de convertir la oportunidad actual en ejecución inmediata porque ya no basta con despertar el interés de los mercados o anunciar grandes inversiones si ese potencial no se traduce en proyectos viables que sean capaces de escalar de forma sostenida en el tiempo. Los cuellos de botella más críticos se encuentran en la lentitud de los procesos administrativos y la falta de una planificación energética ágil que acompañe el despliegue de infraestructuras críticas así como en la necesidad de una coordinación mucho más estrecha entre las diferentes administraciones para ofrecer seguridad jurídica y visibilidad a largo plazo al inversor.

En una industria marcada por la velocidad de la inteligencia artificial la competitividad real se juega ahora en la capacidad de ejecutar con rapidez y previsibilidad eliminando las trabas operativas que frenan el crecimiento y es precisamente ahí donde adquieren valor los foros de colaboración público-privada que permiten compartir conocimiento práctico y resolver los obstáculos reales que impiden consolidar una posición de liderazgo en el mapa digital global.

P. ¿Estamos ante una oportunidad histórica para el eje ibérico dentro de la reconfiguración del mapa europeo de infraestructuras digitales?

R. Sí, estamos ante una oportunidad especialmente relevante para el eje ibérico, porque la infraestructura digital europea está entrando en una nueva etapa y ese movimiento está ampliando el papel de territorios que hasta hace poco ocupaban una posición más secundaria en esta conversación. La diferencia respecto a otros momentos es que hoy ya no basta con una buena posición geográfica. Lo determinante es la capacidad de un territorio para ofrecer las condiciones necesarias para acompañar el despliegue de nueva infraestructura en un entorno marcado por la inteligencia artificial.

En ese contexto, el eje ibérico reúne una serie de condiciones que hoy están siendo especialmente valoradas. La conectividad internacional, la capacidad de atraer inversión, la disponibilidad de recursos para nuevos desarrollos y una mayor coordinación pública están dando a la región una visibilidad mucho más clara dentro del mapa europeo de infraestructuras digitales. La oportunidad, por tanto, es real. Pero lo verdaderamente decisivo será la capacidad de convertir este momento en una presencia estable dentro de la nueva geografía digital europea. Y esa es también una de las cuestiones de fondo que quiere explorar AI Cities Summit al mirar cómo distintas ciudades y regiones están tratando de consolidar su papel en esta transformación.

P. Precisamente sobre este evento, ¿cómo surge la idea de AI Cities Summit y qué necesidad del ecosistema busca cubrir?

R. La idea de AI Cities Summit surge de una realidad cada vez más evidente. La aceleración de la inteligencia artificial está disparando la demanda de centros de datos, energía e infraestructura digital, y eso está obligando a muchos gobiernos a tomar decisiones para las que, en muchos casos, todavía no existen suficientes marcos de referencia, alianzas o espacios de trabajo con la industria. AI Cities Summit nace precisamente para cubrir esa brecha. Su propósito es reunir a gobiernos, proveedores de energía, inversores, operadores de centros de datos y líderes tecnológicos para ayudar a traducir una gran oportunidad tecnológica en una estrategia real de desarrollo económico.

P. ¿Por qué es tan crítico que esa colaboración sea tan estrecha y reúna a perfiles tan distintos como gobiernos, industria e inversores en una misma plataforma?

R. Porque la infraestructura de inteligencia artificial ya no puede abordarse desde decisiones aisladas. Hoy, cuestiones como la energía, la inversión, los permisos, la conectividad o la planificación territorial forman parte de una misma realidad. Cuando cada actor avanza por separado, los procesos se ralentizan y resulta mucho más difícil dar respuesta a la velocidad que exige el mercado.

Reunir en un mismo espacio a gobiernos, industria e inversores permite ordenar esa conversación y hacerla mucho más útil. Para las administraciones, significa entender mejor qué condiciones hacen viable la llegada de proyectos de infraestructura de IA. Para la industria, supone poder trasladar necesidades concretas a quienes definen el marco regulatorio y territorial. Y para los inversores, ofrece una lectura más clara de qué entornos están realmente preparados para acompañar desarrollos de cierta escala. En un momento como este, ese punto de encuentro resulta imprescindible, porque la inteligencia artificial está acelerando decisiones que afectan al desarrollo económico, a la planificación territorial y a la infraestructura crítica al mismo tiempo.

P. Mirando a la primera edición europea, ¿qué ha hecho de Zaragoza y Aragón un caso tan relevante y por qué se ha elegido como sede?

R. Zaragoza y Aragón se han convertido en un caso relevante porque representan muy bien cómo un territorio puede reunir, de forma coherente, varios de los factores que hoy son decisivos para el desarrollo de infraestructura digital. La región ha sabido combinar atracción de inversión, disponibilidad de suelo, abundancia de energía renovable, agilidad en la tramitación y una clara coordinación pública en torno a una visión de desarrollo. Esa combinación es la que ha permitido que Aragón gane visibilidad como uno de los entornos más dinámicos para el despliegue de nueva infraestructura vinculada a la inteligencia artificial.

Precisamente por eso se ha elegido como sede de la primera edición europea. Zaragoza no solo ofrece un contexto muy representativo de la transformación que está viviendo el sector, sino que permite situar la conversación en un territorio que ejemplifica de forma muy clara cómo la infraestructura digital puede convertirse en una palanca de desarrollo económico. En ese sentido, Aragón no se plantea solo como anfitrión del encuentro, sino como un caso de estudio especialmente relevante en esta nueva etapa del mercado. Además, elegir Zaragoza como punto de partida refuerza una idea de fondo muy presente en AI Cities Summit, y es que la conversación sobre infraestructura de IA ya no se limita a los mercados más consolidados, sino que también pasa por aquellos territorios capaces de articular una propuesta competitiva, ejecutable y con continuidad.

P. Para cerrar, José Luis, en una industria tan técnica y globalizada, ¿qué papel juegan hoy realmente estos grandes eventos presenciales?

R. Hoy los grandes eventos desempeñan un papel mucho más estratégico que hace unos años. En una industria como la de los centros de datos, donde convergen tecnología, energía, inversión y política industrial, ya no basta con intercambiar información. Hace falta crear entornos en los que esa complejidad pueda ordenarse, compartirse y traducirse en decisiones.

Ese es, precisamente, el valor que tienen hoy este tipo de encuentros. Reúnen en un mismo espacio a actores que forman parte de una misma realidad, aunque operen desde ámbitos distintos. Administraciones, inversores, operadores, proveedores tecnológicos y expertos en energía ya no participan en conversaciones paralelas, sino en una conversación cada vez más conectada, porque el desarrollo de infraestructura digital exige una visión más integrada del mercado. Por eso, los grandes eventos no solo sirven para tomar el pulso al sector. Sirven también para generar contexto, acelerar relaciones y facilitar una interlocución de mayor calidad en un momento en el que la capacidad de coordinar visiones y tiempos se ha vuelto decisiva para el desarrollo de nuevos proyectos. Ahí es donde radica hoy su verdadera relevancia.

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