Raquel López es una de las tantas historias de talento que dan vida al sector de las instalaciones. Electricista autónoma y madre, es defensora del aprendizaje continuo y la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres: "Debemos estar en constante formación para crecer a nivel personal, lo que hará que nuestro trabajo sea aún más profesional".
Pasión. Ambición. Profesionalidad. Compromiso. Entrega. Superación. Son incontables las historias de talento que se esconden tras los rostros de los instaladores e instaladoras que se esfuerzan cada día por construir una sociedad más electrificada, inteligente y conectada. Miles de autobiografías y memorias que guardan toda una vida y que mueven los engranajes del sector de material eléctrico.
Esta historia de talento comienza en Terrassa (Barcelona) de la mano de Raquel López Cordón, electricista autónoma, costurera y madre de tres hijos. Criada en el entorno de Castellbisbal desde muy pequeña, la separación de sus padres marcó un antes y un después en sus estudios durante la etapa adolescente.
“Aquel año lo eché a perder, así que me dieron a escoger entre una Formación Profesional (FP) de Administrativo, Automoción o Electricidad. Como no me veía toda mi vida en un despacho, y mi padre era constructor, me decanté por el mundo de la electricidad. Sabía que podía contar con su apoyo en la industria”, comienza relatando la protagonista.
Su expediente académico es un claro reflejo de su amor por el sector de las instalaciones, ya que cuenta con una FP de I y II de Electricidad, un curso sobre el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT) y formación continua en diferentes ramas, como climatización o gas. Pero no siempre todo fue fácil.
“El primer año fue duro porque estaba sola en clase con 35 chicos, hasta que encontré a un grupo maravilloso en el que me sentí una más. Eso hizo que mi interés por la profesión creciese”, declara, y continúa: “Llevo dedicándome al oficio desde que terminé los estudios, con las paradas oportunas de mis tres hijos”.
Por suerte, Raquel ha podido dedicarles tiempo cuando eran pequeños al trabajar junto a su marido Raúl en su propia empresa Instalaciones R & R. “En la temporada de colegio, solemos tener un par de días a la semana a un chico o una chica haciendo prácticas de un magnífico proyecto promovido por el instituto de nuestro pueblo”, expresa emocionada.
Romper con los estereotipos de género
Como electricista, lo que más disfruta es el dinamismo y la viveza de la industria. “Pese a que lo más habitual son las instalaciones domésticas y el montaje de cuadros, te encuentras de todo al cabo del día, desde una acometida quemada por consumo en una comunidad a un diferencial que salta o el recambio de unos fluorescentes en un parking”, indica.
En este sentido, tiene claro que las energías renovables y los puntos de recarga para vehículos eléctricos conforman dos tendencias clave en el mercado. Sin embargo, uno de los principales problemas del sector de las instalaciones es el relevo generacional. “Son pocos los jóvenes que quieren aprender un oficio, por lo que escasean los ayudantes a los que formar. Cuando tienes necesidades por aumento de trabajo, tienes que tirar de compañeros de profesión que están en la misma situación que tú”, lamenta.
Junto a la falta de talento joven, se une el estigma social que tienen que enfrentar las mujeres instaladoras. “Con alguna excepción, siempre me he sentido una más en la obra. No obstante, la situación ha sido totalmente distinta con algunos clientes”, explica. En el camino, Raquel ha soportado frases como ‘¿Pero esto lo vas a hacer tú?’, ‘¡Qué bien que ayudes a tu marido!’, ‘Prefiero que lo haga él’ o ¡Qué bien que sepas hacer cosas!’.
“Al principio me enervaba y respondía, pero me di cuenta de que seguía sin verse con buenos ojos que una mujer ejecutara ciertas instalaciones. Con el tiempo, he aprendido a mantener la calma y ya no contesto. Ahora solo asiento y me concentro en hacer mi trabajo, que habla por sí solo”, argumenta.
Entre los recuerdos, su mente viaja hasta una de las chicas del instituto que realizó prácticas en su empresa. “Me emocionaba ser un referente para ella. Le encantaba el oficio y quería dedicarse a él, así que optó por una FP de Electricidad. Cuando volvimos a verla, nos contó que tuvo que dejar el curso porque los alumnos la increpaban en clase al ser la única mujer. Es una verdadera pena porque tenía futuro como electricista. Me entristece que sigan existiendo estos estereotipos de género”, sostiene.
Aun con todas las actitudes y los comportamientos sexistas que todavía lastran el futuro de las mujeres, Raquel alza la voz para poner de relieve la comunidad de grandes profesionales y compañeros que conforman el sector de las instalaciones. “La electricidad no es solo un mundo para hombres. Es un espacio lleno de oportunidades laborales para cualquier persona apasionada por aprender y mejorar. Si quieres, puedes”.
Hacia un sector más formado, justo y diverso
Amante de la costura, los paseos por la playa o la montaña, los domingos de barbacoa, las tardes de cine y las cosas sencillas, Raquel ha peleado incansablemente para equilibrar su labor como mujer electricista autónoma con su vida familiar. “La conciliación no existe hoy en día en España. Tenemos que apuntar a los niños a actividades extraescolares para terminar el trabajo a una hora decente y poder recogerlos”, señala.
Y prosigue: “Es importante que los jóvenes pongan en marcha sus propias compañías, pero es muy duro y difícil emprender en este país. Se debería dar más formación financiera en los institutos para estar preparados a la hora de montar y llevar una empresa. Muchas personas fracasan por falta de conocimiento”.

De igual modo, considera que a un buen profesional no le puede faltar seguridad, responsabilidad, compromiso, ética y aprendizaje continuo. “Hay que conocer las últimas normativas y avances tecnológicos. Debemos estar en constante formación para crecer a nivel personal, lo que repercutirá en que nuestro trabajo sea aún más profesional”, apunta.
Otro de los pilares estratégicos pasa por aumentar la representatividad femenina dentro del sector de las instalaciones de material eléctrico, ya que la presencia de mujeres en carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) significa más innovación, soluciones creativas y un futuro que promueva la igualdad de oportunidades.
“La sostenibilidad, la eficiencia energética, las normativas europeas y nacionales, así como la creciente conciencia medioambiental y la necesidad de optimizar el consumo energético, marcarán la industria en los próximos años. La transformación del mercado está generando nuevas oportunidades laborales, además de demandar una mayor especialización y formación en energías renovables, almacenamiento y digitalización”, razona.
A donde sea, de la mano de la electricidad
Si echa la vista atrás, Raquel se da cuenta de lo rápido que ha pasado la vida. “Mi marido y yo nos hemos propuesto tomarnos el trabajo con más calma. Terminar a las 20:00 horas de la tarde no va a hacer que lleguemos más lejos, pero sí que perdamos el tiempo con nuestros hijos”, reflexiona. Al mismo tiempo, tiene claro que, pasen los años que pasen, su futuro estará ligado al sector de las instalaciones.
Porque la profesión siempre va por dentro y una nunca olvida lo que le hace feliz y levantarse cada mañana dispuesta a comerse el mundo.
En Hager, impulsan historias como la de Raquel. La compañía apuesta por el talento sin importar el género, promoviendo la inclusión para crear un entorno donde todos puedan crecer y contribuir a un futuro con instalaciones eléctricas más eficientes, sostenibles e inteligentes. Además, valorar las experiencias de los instaladores y escuchar sus necesidades para desarrollar soluciones innovadoras y seguras que faciliten el día a día es parte de su ADN.










